La vida sin resaca

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La vida sin resaca

Las personas, por lo general, hablamos de las resacas como si fuera algo simplemente molesto; bromeamos sobre ello, le quitamos importancia y hasta nos puede parecer gracioso levantarnos por la mañana con resaca ¿no? Decimos: «¡Joder que resaca tengo! ¡Vaya pedo el de anoche… ja, ja, ja».

He necesitado estar más de un año sin beber para valorar lo negativo que era para mi estado de ánimo levantarme todos los días hecho polvo, con dolor de cabeza, mucha sed, casi ninguna gana de empezar un nuevo día, triste, con sentimiento de culpa y la sensación de estar desperciciando mi vida, perdiendo el tiempo…

Cuando era alcohólico, despertarme por las mañanas era como enfrentarme a un espejo en el que lo que se reflejaba me producía vergüenza. Lo primero que hacía era intentar recordar qué había hecho la noche anterior, pues tenía lagunas en la memoria y nunca sabía si me había metido en algún lío, si me había gastado todo el dinero… Las primeras horas del día las pasaba angustiado y con remordimientos, sin saber por qué exactamente, hasta que volvía a emborracharme.

Esto me desgastaba psicológicamente porque me hacía perder la motivación para plantearme metas y objetivos. Así empezó a darme todo igual: no tener nunca un duro, no poder comprarme un piso, no encontrar un buen trabajo, no prepararme para nada estudiando cualquier cosa… Casi sólo me esforzaba en beber para quitarme la resaca, la sensación de fracaso. Entonces, al día siguiente, volvía a despertarme con resaca, y vuelta a empezar.

Necesité estar dos meses sin beber para darme cuenta de lo importante que es levantarse de la cama con un mínimo de positivismo, energías, ganas de afrontar retos… Me siento como si hubiera pasado muchos años de mi vida con una mochila llena de piedas cargada en la espalda y, de repente, la hubiese soltado.

Hoy por hoy, no pasa una semana entera sin que, alguna mañana, al despertarme, me acuerde del infierno en que se habían convertido mis mañanas. Entonces, me siento feliz y libre. Me siento fuerte. Ya no tengo ansiedad. Y pienso: «¿Qué voy a hacer hoy?». Y me rio. Ahora estoy contento siempre.

Paco

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